Este blog deberia tener como nombre: Narraciones de un pueblo donde habito... O algo así. Pero tal vez lo mejor es dejar ciertas cosas anónimas. No poner nombres ni lugares y de esa forma evitar algún conflicto.
La vida me ha llevado a vivir en un nuevo lugar, fue un cambio muy rápido, no planeado, a diferencia de otras ocasiones en mi vida. Las situaciones nos movieron a este lugar. Un pueblo-ciudad en el Estado de Mexico.
Ya llevamos visitando frecuentemente el lugar por un año, pero desde marzo nos mudamos acá.
Comencemos:
Cuando me preguntan "¿Y cómo es el lugar?" yo respondo: Es ruidoso, muy muy ruidoso, pocas veces descansas del sonido de la pólvora explotando en el cielo... Aún no me acostumbro, cierro los ojos y doy un pequeño saltito con cada estruendo... Despierto, si estoy dormida, con una cara de NO es posible que tan temprano disturben al cielo y la naturaleza.
El lugar está lleno de rosticerías, tacos y panaderías... Realmente lo rescatable es el pan a muy buen precio y con sabor tradicional; y una heladería en el zócalo que aunque no tiene tanta variedad de nieves de agua, saben preservar el sabor de las frutas. Pero el pan no suena y los helados tampoco.
Debido a las rosticerías hay muchas pollerías... se escuchan las tijeras abrirse y cerrarse continuamente, son sonidos expertos, casi delicados a pesar de estar cortando huesos...
Tiendas de insumos para panaderos, verdurerías, fruterías, tiendas de abarrotes, tiendas de celulares, ropa y películas o mp3. El bullicio de la gente se escucha en las calles del centro.
También hay mucha basura, aún existen los pepenadores en sus carretas jaladas por caballos. Las campanas de sus caballos repican una y otra vez durante el día. Han de pasar 10 veces durante el día y a pesar de ello, la gente sigue tirando la basura a la calle o desafortunadamente la gente aún quema su basura.
Existen las tortillas hechas a mano, con maíz no transgénico. Las tortillerías con molinos, donde escuchas siempre el rechinar de sus máquinas.
Por las mañanas se escuchan otros sonidos que acompañan a los estruendos en el cielo. El lechero, el de los tamales, el del gas, el de las tortillas, el del fierro viejo, el afilador, las gelatinas, los nopales, las escaleras, los muebles de madera, el de los artículos de limpieza, el del pulque.
Y así comienzan miles de historias... Algunas las escribiré de lo que más o menos recuerdo, otras están más frescas en mi memoria.
Siempre acompañadas del sonido de la pólvora, dando ruido y dando luz a muchas palabras...
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