Era mediodía, estaba formada en la fila del pollo para los kilos que le compro a mis pequeños monstruosos perrunos. La pollería está en una calle principal con varias tiendas alrededor, por lo que siempre hay camiones repartidores estacionados, enfrente hay una panadería grande (no recomendable, el pan es más comercial y masivo), y justo estaban descargando unos pasteles.
De pronto todos los de la fila escuchamos un gritazo...
¡AYYYYYY! ¡Nos van a aplastar! - gritaba una señora.
Al voltear vi que la señora estaba sobre un bicitaxi, en sentido contrario al flujo vehicular, y el bicitaxi había quedado atorado entre el camión repartidor de pasteles y un camión tipo grúa que iba pasando por la calle.
El bicitaxista (jiji suena chistoso ese término), se bajó ágilmente de la bicicleta, y entonces la caja del bicitaxi donde estaba la señora sentada es la que se quedó atrapada entre los camiones.
La señora, de aspecto muy gordo, no dejaba de gritar, "¡La fatalidad! ¡Mi fin! ¡Jesús me libre de estos daños!¡Sálvenme!¡Auxilio!..."
Todos los que estábamos observando la escena desde el puesto de pollos nos reíamos. Una señora empezó a gritarle que se bajara, que sólo así iban a poder sacarla.
Pero la señora del bicitaxi decía que no, que no quería que su ropa se ensuciara, ni hacer una escena.
Comenzaron a sonar los cláxones, el bicitaxista reía y a la vez trataba de convencer a la señora de bajarse.
Finalmente decidieron levantar el bicitaxi entre los conductores de los camiones, un señor de una tienda, el bicitaxista y un chavo de la pollería.
Sus caras se ponían rojas del esfuerzo, la señora seguía gritando desesperada, decía que se le verían los calzones cuando la levantaran, eso provocaba carcajadas entre los hombres que intentaban levantarla y entonces no lograban nada.
Tardaron posiblemente 5 minutos en cargarla y mover el bicitaxi hacia atrás. Los pobres morían de cansancio, sudaban, reían, tronaban sus espaldas tratando de reacomodar la columna que había realizado un gran esfuerzo.
Finalmente cesaron los alaridos, la señora aplaudía y casi besaba al bicitaxista... se despidió de los hombres que la alzaron ondeando su mano cual princesa de festival de primavera, sonriendo y agradeciendo...
Así, una mañana más por esta ciudad-pueblo de extrañezas y torpezas.
jueves, 10 de noviembre de 2016
domingo, 6 de noviembre de 2016
todo para su pan de muerto
Seguimos con el pan, tenía programada otra narración, pero aprovechando la fiesta de muertos, pues mejor continuemos con algo rico para nuestro paladar mental.
El año pasado había venido un rato a vivir la experiencia de muertos en el lugar, me comí un pedazo de pan de muerto y visité las ofrendas, no se me hizo nada del otro mundo, pero ahora decidieron invertir más en la única fiesta del lugar que no estuvo -hasta ahora- acompañada de los estruendos de pólvora en el cielo.
Todo comenzó el 27 de octubre, colocaron 2 carpas en el zócalo, las lonas de los grupos musicales y actividades que se sucitarían en los siguientes días. Por cuestiones de chamba, el show musical nos lo perdimos de inicio a fin, a pesar de haber estado a unos pasos de nosotros. Se escuchaba el murmuro de la música en el jardín, claro, acompañado de campanas de carros de basura, trailers que se desviaban del centro, y ladridos perrunos.
Pero logré ir, ya noche, a ver qué más había y ¡Oh sorpresa!... Pan de muerto a montón.
De azúcar con mantequilla, de nuez, de pasas, de ajonjolí, de canela, de guayaba, de piloncillo, de calabaza, con formas de típico pan de muerto, de patos (que parecían cangrejos), de peces, de pollos, de calaca.
Todos acompañados de atoles -cosa que yo no puedo tomar por mi intolerancia a la lactosa (graaaan decepción)-. De amaranto, maíz azul, canela, cajeta (bomba), rompope, fresa, chocolate, elote, almendra, etc.
Y tamales, donde vi a la señora de los tamales que siempre compramos, apuradísima y cansadísima, sólo alcanzó a decirme: ¡la veo el sábado señorita! seguido de un guiño de ojo.
Los años pasados había asistido a la feria del pan de muerto en Coyoacán, grande y llenísima, pero definitivamente, el sabor del pan de por acá, le gana a muchos panaderos de la Ciudad de México... mi lonja lo reafirma.
Así que pasé, con la estrategia de un colibrí, caminando rápido, abriéndome paso entre la multitud y probando pedacitos de los panes que ofrecían.
Así, compré de canela, de guayaba, de azúcar y de forma de pato que parece cangrejo y seguí mi camino muy sonriente a una buena cena de tragadera.
Pero claro, eso sucedió el 29, ya estamos a 2, y definitivamente ese pan no duró. Así que antier fuimos a reabastecernos, fuimos a una casa donde también hacen pan de muertos, varias casas hacen su pan de muerto, definitivamente todos muy buenos, mejores que en las panaderías. Le supliqué a la señora que hiciera pan de muerto por lo menos una vez al mes, para no hacerme atascarme cada año de pan por saber que se terminará, pero claro que me contestó entre sonriendo y entre "tirándome de a loca", que ni de chiste iba a hacer más pan, que ya estaba más muerta que los muertos de tanta amasada.
Ayer 1ro de Noviembre fui otra vez, ahora a ver las ofrendas, y encontrarme con la sorpresa que afortunadamente aquí no celebran Halloween, sino que el 1ro es cuando los niños piden su calaverita disfrazados en su mayoría de catrinas y catrines... Aunque sí hay jóvenes disfrazados de película de terror Holiwoodense. Lo interesante es que todos los niños se forman en las tiendas de abarrotes, panaderías y demás comercios del centro a pedir sus calaveritas, y todos llevan bolsotas o cubetas, porque se les llenan.
...
Pasaron otros tres días para poder publicar esta entrada, una caída, collarín en el cuello, mucho pan de muerto comido, la ofrenda levantada y bueno se fue otra celebración de muertos más. Aquí sin estruendos de pólvora en el cielo, sólo con neblina y un poco de lluvia.
El año pasado había venido un rato a vivir la experiencia de muertos en el lugar, me comí un pedazo de pan de muerto y visité las ofrendas, no se me hizo nada del otro mundo, pero ahora decidieron invertir más en la única fiesta del lugar que no estuvo -hasta ahora- acompañada de los estruendos de pólvora en el cielo.
Todo comenzó el 27 de octubre, colocaron 2 carpas en el zócalo, las lonas de los grupos musicales y actividades que se sucitarían en los siguientes días. Por cuestiones de chamba, el show musical nos lo perdimos de inicio a fin, a pesar de haber estado a unos pasos de nosotros. Se escuchaba el murmuro de la música en el jardín, claro, acompañado de campanas de carros de basura, trailers que se desviaban del centro, y ladridos perrunos.
Pero logré ir, ya noche, a ver qué más había y ¡Oh sorpresa!... Pan de muerto a montón.
De azúcar con mantequilla, de nuez, de pasas, de ajonjolí, de canela, de guayaba, de piloncillo, de calabaza, con formas de típico pan de muerto, de patos (que parecían cangrejos), de peces, de pollos, de calaca.
Todos acompañados de atoles -cosa que yo no puedo tomar por mi intolerancia a la lactosa (graaaan decepción)-. De amaranto, maíz azul, canela, cajeta (bomba), rompope, fresa, chocolate, elote, almendra, etc.
Y tamales, donde vi a la señora de los tamales que siempre compramos, apuradísima y cansadísima, sólo alcanzó a decirme: ¡la veo el sábado señorita! seguido de un guiño de ojo.
Los años pasados había asistido a la feria del pan de muerto en Coyoacán, grande y llenísima, pero definitivamente, el sabor del pan de por acá, le gana a muchos panaderos de la Ciudad de México... mi lonja lo reafirma.
Así que pasé, con la estrategia de un colibrí, caminando rápido, abriéndome paso entre la multitud y probando pedacitos de los panes que ofrecían.
Así, compré de canela, de guayaba, de azúcar y de forma de pato que parece cangrejo y seguí mi camino muy sonriente a una buena cena de tragadera.
Pero claro, eso sucedió el 29, ya estamos a 2, y definitivamente ese pan no duró. Así que antier fuimos a reabastecernos, fuimos a una casa donde también hacen pan de muertos, varias casas hacen su pan de muerto, definitivamente todos muy buenos, mejores que en las panaderías. Le supliqué a la señora que hiciera pan de muerto por lo menos una vez al mes, para no hacerme atascarme cada año de pan por saber que se terminará, pero claro que me contestó entre sonriendo y entre "tirándome de a loca", que ni de chiste iba a hacer más pan, que ya estaba más muerta que los muertos de tanta amasada.
Ayer 1ro de Noviembre fui otra vez, ahora a ver las ofrendas, y encontrarme con la sorpresa que afortunadamente aquí no celebran Halloween, sino que el 1ro es cuando los niños piden su calaverita disfrazados en su mayoría de catrinas y catrines... Aunque sí hay jóvenes disfrazados de película de terror Holiwoodense. Lo interesante es que todos los niños se forman en las tiendas de abarrotes, panaderías y demás comercios del centro a pedir sus calaveritas, y todos llevan bolsotas o cubetas, porque se les llenan.
...
Pasaron otros tres días para poder publicar esta entrada, una caída, collarín en el cuello, mucho pan de muerto comido, la ofrenda levantada y bueno se fue otra celebración de muertos más. Aquí sin estruendos de pólvora en el cielo, sólo con neblina y un poco de lluvia.
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