Seguimos con el pan, tenía programada otra narración, pero aprovechando la fiesta de muertos, pues mejor continuemos con algo rico para nuestro paladar mental.
El año pasado había venido un rato a vivir la experiencia de muertos en el lugar, me comí un pedazo de pan de muerto y visité las ofrendas, no se me hizo nada del otro mundo, pero ahora decidieron invertir más en la única fiesta del lugar que no estuvo -hasta ahora- acompañada de los estruendos de pólvora en el cielo.
Todo comenzó el 27 de octubre, colocaron 2 carpas en el zócalo, las lonas de los grupos musicales y actividades que se sucitarían en los siguientes días. Por cuestiones de chamba, el show musical nos lo perdimos de inicio a fin, a pesar de haber estado a unos pasos de nosotros. Se escuchaba el murmuro de la música en el jardín, claro, acompañado de campanas de carros de basura, trailers que se desviaban del centro, y ladridos perrunos.
Pero logré ir, ya noche, a ver qué más había y ¡Oh sorpresa!... Pan de muerto a montón.
De azúcar con mantequilla, de nuez, de pasas, de ajonjolí, de canela, de guayaba, de piloncillo, de calabaza, con formas de típico pan de muerto, de patos (que parecían cangrejos), de peces, de pollos, de calaca.
Todos acompañados de atoles -cosa que yo no puedo tomar por mi intolerancia a la lactosa (graaaan decepción)-. De amaranto, maíz azul, canela, cajeta (bomba), rompope, fresa, chocolate, elote, almendra, etc.
Y tamales, donde vi a la señora de los tamales que siempre compramos, apuradísima y cansadísima, sólo alcanzó a decirme: ¡la veo el sábado señorita! seguido de un guiño de ojo.
Los años pasados había asistido a la feria del pan de muerto en Coyoacán, grande y llenísima, pero definitivamente, el sabor del pan de por acá, le gana a muchos panaderos de la Ciudad de México... mi lonja lo reafirma.
Así que pasé, con la estrategia de un colibrí, caminando rápido, abriéndome paso entre la multitud y probando pedacitos de los panes que ofrecían.
Así, compré de canela, de guayaba, de azúcar y de forma de pato que parece cangrejo y seguí mi camino muy sonriente a una buena cena de tragadera.
Pero claro, eso sucedió el 29, ya estamos a 2, y definitivamente ese pan no duró. Así que antier fuimos a reabastecernos, fuimos a una casa donde también hacen pan de muertos, varias casas hacen su pan de muerto, definitivamente todos muy buenos, mejores que en las panaderías. Le supliqué a la señora que hiciera pan de muerto por lo menos una vez al mes, para no hacerme atascarme cada año de pan por saber que se terminará, pero claro que me contestó entre sonriendo y entre "tirándome de a loca", que ni de chiste iba a hacer más pan, que ya estaba más muerta que los muertos de tanta amasada.
Ayer 1ro de Noviembre fui otra vez, ahora a ver las ofrendas, y encontrarme con la sorpresa que afortunadamente aquí no celebran Halloween, sino que el 1ro es cuando los niños piden su calaverita disfrazados en su mayoría de catrinas y catrines... Aunque sí hay jóvenes disfrazados de película de terror Holiwoodense. Lo interesante es que todos los niños se forman en las tiendas de abarrotes, panaderías y demás comercios del centro a pedir sus calaveritas, y todos llevan bolsotas o cubetas, porque se les llenan.
...
Pasaron otros tres días para poder publicar esta entrada, una caída, collarín en el cuello, mucho pan de muerto comido, la ofrenda levantada y bueno se fue otra celebración de muertos más. Aquí sin estruendos de pólvora en el cielo, sólo con neblina y un poco de lluvia.



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